viernes, 25 de marzo de 2016

Conversando con el viejo avinagrado

"No me enseñaron a amar."- Respondía el anciano.

Esa era su excusa para ser el viejo avinagrado que siempre era. El decía que la vida nunca le dijo cómo amar, que su corazón alguna vez joven y vigoroso buscó el amor una y cien veces, que poco a poco se fue marchitando, que no quiere saber nada del maldito amor.

Su arrugada mirada parecía distante, aparentaba vivir en otro mundo, en otro tiempo; recordando siempre, abrazado a la vida que alguna vez tuvo, enamorado de la añoranza. El pobre viejo tomaba un sorbo de su cerveza caliente, dejaba que un cigarrillo se consumiera solo sobre la mesa, luchaba contra una lágrima obstinada que pesaba sobre sus párpados, rasgaba con la mano izquierda en la orilla del brazo de su sillón.

Guardé silencio por un rato; le pregunte dos veces en que pensaba.-  "Intento detener mi corazón" - Respondió.

miércoles, 20 de enero de 2016

Amor Plástico

No solía caminar a menudo por esa calle, pero aquella noche, por azares del destino; por una de esas veces en que, por faltarle el respeto a la rutina, decides caminar derecho en vez de ir a la izquierda; tomé aquella ruta que me llevó hasta ese lugar donde pasó lo que pasó:

Iba yo por aquella calle extremadamente oscura que caminé más bien como un reto a mi propia valentía que como un atajo a mi destino. La luz mercurial que alumbraba la calle había estado fallando desde hacía varios días y había decidido por si sola prender de manera irregular e intermitente dependiendo de su humor.

De pronto una luz que se encendió en el ventanal de un edificio que se encontraba en la acera contraria llamó mi atención. No soy un curioso compulsivo ni mucho menos un acosador nocturno, pero supongo que esa vez no pude resistir porque lo que ví era ciertamente irresistible. Me acerqué lentamente confiado en que, estando tan iluminado dentro del edificio, y tan oscuro fuera de él, era casi imposible que me vieran.

Fué asi como mis ojos se encontraron con aquella hermosa mujer de cabello castaño y labios rojo carmesí, que se encontraba ahí, con la mirada perdida en el horizonte invisible de la noche. Como bien lo supuse, ella no podía verme porque nunca se inmutó con mi presencia. Como por instinto me ví atraído hacia ella, hipnotizado por su encanto, y quedé ahi parado, oculto en la oscuridad, contemplándola, deseándola.                                

Vestía un sobrio y elegante traje sastre que, a mi gusto, la hacía lucir aún mas provocativa. Aquella falda pegada al cuerpo que delineaba su esbelta figura y que terminaba apenas arriba de las rodillas; una blusa blanca que en su escote dejaba ver apenas el inicio de sus pechos perfectos y unos anteojos que le daban un aire audaz e intelectual.

 La recorrí toda con la mirada; 37 segundos tardé solamente en recorrer sus piernas y disfruté cada centímetro de ellas como si realmente pudiera tocarlas. Mi irreverente imaginación no tardó en despojarla de sus ropas para mostrar su desnudez exquisita y yo trataba de discimular mi excitación mientras que mi cuerpo me traicionaba; mis piernas se doblaban e inconscientemente inclinaba mi cabeza como tratando de asomarme por entre sus piernas, hasta lo más profundo. Su sexo descubierto ante mi, inmaculada perfección de labios carnosos y piel de durazno que al primer contacto con mi mirada desató en mí un violento suspiro entrecortado, tensando cada músculo de mi cuerpo y convirtiendo mis manos en puños de piedra.

Y continué recorriéndola, imaginándola a travéz de sus ropas; aquella blusa blanca que dejaba entrever el color de su piel, la forma perfecta de sus senos, e intuir el color claro y rosado de sus pezones que al más mínimo contacto se yerguen y disparan un escalofrío que llega hasta el último rincón de su cuerpo. Las delicadas líneas de su rostro esbozando una coqueta sonrisa apenas descifrable que me contagió de inmediato y dibujó la misma sonrisa en mi boca, como respondiendo a la de ella. Sus ojos verde esmeralda que se refugiaban detrás de esos anteojos pero que aún así dejaban sentir su mirada fija y penetrante hacia el horizonte. Esa boca de color rojo intenso que invitaba a invadirla sin remedio y en la que ya imaginaba la infinita pausa del momento previo cuando nuestros labios se tocaran con el aliento mutuo, el segundo más largo, la espera eterna del beso.

En ese momento, algo interrumpió mi viaje a travéz de su geografía corporal y me despertó de ese sueño inevitable de verla desnuda frente a mí. Era otra mujer, una rubia que llegaba y me hizo poner los pies de nuevo en la tierra y la verguenza me invadió al darme cuenta que había sido sorprendido en mis pensamientos de lujuria y tornandose mi tez roja, de inmediato me alejé de la ventana y volteé la mirada hacia otro lado, pero no pude alejarme más; porque no quería dejar de verla y perderla para siempre.

Aún la observé desde lejos por la comisura de mis ojos; ninguna de las dos daba cuenta de mi presencia, y fue en ese momento cuando un disparo de adrenalina corrió por mis venas y mis ojos salieron de sus órbitas mientras que veía como la recién llegada comenzaba a acariciarle el cabello. Nerviosa, volteó a su alrededor para cuidar que nadie la observara y comenzó a recorrer su cuerpo con sus manos, todo completo, introduciendo sus manos bajo su falda y su blusa, disfrutando su piel tal como yo lo había imaginado minutos antes. Sin pensarlo más, en un ágil movimiento de manos deshizo los broches de su ropa que lentamente resbalaron por su piel, hasta el suelo, y dejaron al descubierto aquella deliciosa figura; ese cuerpo exquisito que ni siquiera yo imaginé tan perfecto.

Podia sentir el calor que emanaba de la habitación; aquella hermosa mujer desnuda se encontró de pronto envuelta en un remolino de extrañas caricias. La rubia la recorría a veces con la mirada y a veces con las manos pero parecía que había algo que detenía esa explosión de líbido inminente hasta que finalmente, en un arranque de pasión, recorriendo lentamente su espalda con las manos, llegó hasta sus nalgas por donde la apretó fuertemente contra su cuerpo y la levantó en el aire quedandole los pechos a la altura de su cara.

Mientras tanto yo, atónito admiraba la escena desde afuera. Sentí cómo un intenso calor recorrió mi cuerpo y en un frenesí de erotismo y excitación, sin darme cuenta comencé a tocarme, ahí, en la calle; no me importó más. De pronto me vi a mi mismo con mi mano urgando bajo mi pantalón y con una intensa erección que a cada contacto con mis dedos y mi pantalón mandaba ondas eléctricas a lo largo y ancho de mi cuerpo. Y mi mente, perdida, simplemente ya no respondía  a la conciencia.

La situación era ya incontrolable, fácilmente confundible con un bizarro sueño, cuando de repente....como un hipnotista que truena sus dedos a la vez que dice ¡despiértese! El caprichoso faro mercurial me bañó con su luz, iluminando la calle a mi alrededor, y por supuesto, mi bochornosa situación. La rubia volteó hacia afuera al instante que la luz llamó su atención, y ahí estaba yo, con el rostro desaliñado, los pantalones en los tobillos, mis manos bajo la ropa interior y una erección masiva debajo de ella. Ni siquiera me había dado cuenta que mi anonimato había sido descubierto hasta que escuché el grito despavorido de la rubia, a la vez que soltaba de sus brazos a aquel hermoso cuerpo de mujer que sin remedio azotó en el suelo como un tronco perdiendo la peluca, dos piernas y un brazo.

Sin pensarlo un segundo más alsé mis pantalones mientras corría alejándome de ahí, tratando de abrochar mi cinturón al trote, batallando con aquel miembro viril que ahora no era más que un estorbo entre mis piernas. Y fue así como vi por última vez aquel hermoso maniquí de cabello castaño y labios rojo carmesí que despertó en mí los más bajos de mis instintos.

jueves, 9 de julio de 2015

Despues de la lluvia de meteoros

A paso firme subí la colina, ya mi respiración no era la más relajada y claro acepto, tampoco mi condición era la más aventajada. Plantaba mis pies sobre el largo pasto y alzaba la vista esperando ver aquel ansiado paisaje del que hablaron las voces, aquel escenario de una encarnizada guerra que se dio entre el cielo y un singular jovenzuelo; un tipo sobrado de audacia que armado con palabras de filo como espada y escudado en la arrogancia supo hacer enojar al firmamento.


Al llegar a la cima lo vi todo, pastos humeantes que hablaban de una batalla, del enfrentamiento de una mente brillante en contra de las reglas del universo, de una rebelión de uno contra un millón. Pero solo quedaba la paz, y el viento que arrastraba consigo los recuerdos, los ecos de gritos de guerra que demuestran que aquel hombrecillo sacó la casta.


Ya no pude preguntarle que pasó, lo vi solo como una silueta que junto al horizonte se alejaba del paraje. Un poco despeinado, con los pantalones rotos y el calzado de huaraches de cuero de bisonte, encendía un cigarrillo y empinaba su botella. La gente dirá que perdió; si me lo preguntan, yo les diría que era el semblante de quien había ganado la batalla, aunque podría haber sido todo lo contrario. Tal vez por la sonrisa que esbozaba campante, viendo hacia el frente y ya probablemente pensando en su siguiente meteoro.


miércoles, 4 de marzo de 2015

Escritor de poesías tristes

...Caminó despacio hacia aquella habitación de poca luz y encontró en ella un empolvado escritorio hambriento de aventuras, a la espera del poeta, de los brazos del autor y del raspar de aquel carbón con el que escribe. Junto a él, una maltratada silla de oficina, una vieja lámpara que ilumina eterna, un desgastado lápiz con el borrador mordido que yacía abandonado casi a punto del suicidio y alrededor decenas de hojas de papel marchitas, repletas de frases y poesías tristes que hasta al más frio e insensible corazón le arrancaban una lagrima y suspiros de dolor.


Acomodó la silla por el respaldo y con miedo tomo asiento, se sentía aún el denso pensamiento de aquel letrista de palabras tristes que por meses se vio perdido entre nubes grises, horizontes sin luz y el eterno invierno de la ausencia de ilusiones. A pesar de todo levantó el lápiz y un intenso escalofrío recorrió su cuerpo, tomó una hoja de papel y esperó...esperó una hora, dos horas, tres horas. 


Con grafito en mano observó el profundo vacío de la hoja en blanco hasta que en un momento y sin saber por qué, lo invadio la sensacion de inexplicable felicidad, la comisura de sus labios titubeantes esbozaron la sonrisa de quien sabe que todo va estar bien, cada músculo de su entumecido cuerpo se relajó...y escribió la poesía más alegre jamás escrita.

miércoles, 22 de octubre de 2014

El Estudiante

Una avalancha de palabras rimbombantes
creadas para solucionar los problemas del mundo,
términos ingenieriles de alto nivel,
intentan entrar en mi cabeza de un solo golpe.

Como haciendo la maleta para un largo viaje:

Te aseguras de llevar todo aquello que tenga la mínima posibilidad de serte útil.

Intentas cerrar esa maleta,

es imposible.

Se sale un calcetín por aquí;

el cepillo de dientes por allá.

Te sientas en sobre la valija para forzar la cremallera
hasta que finalmente después de un forcejeo violento,
una dura lucha en la que por momentos fuiste tu quien se encontraba debajo de ella
por obra del espíritu santo los objetos se acomodan
y logras dar el ultimo jalón.....zzzzip!!click!


...donde quedaron las llaves del coche?


miércoles, 27 de agosto de 2014

Mi Conocida

Mujer bonita de tiempos escasos,
de días fabulosos y danzas de colores brillantes.
Mi breve amiga de corazón en mano
y garras de filo mortal.

Ella fue mi fugaz aventura de risas,
cómplice de una noche tranquila de bailes sensuales, 
leyendas de besos fallidos al aire
y de copas que chocan brindando a futuro.

La conocí aquel día del mes que ya no recuerdo
en una plática tendida que se ha llevado el viento,
no recuerdo tampoco su voz pero la invento.
Ha pasado ya tanto tiempo.

Ella es ahora mi amiga que no conozco
de fotos que no son mías, de viajes en que no estuve,
y tal vez un día el viento la traiga de vuelta,
en una noche tranquila de luna llena, 
es por eso que siempre dejo la ventana abierta.





martes, 25 de febrero de 2014

Itinerario de Vuelo

Ayer desperté creyendo que podía volar. Es más, tenía la certeza. Fue uno de esos días en que despiertas y te sientes tan ligero, agitas los brazos, agitas las piernas y las sientes diferente; ligeros, flexibles, pero fuertes a la vez.

Aún así no le hice caso, claro, sería estúpido creerlo de verdad. Continué mi rutina esperando que la extraña sensación desapareciera pero llego la tarde y no fue así, al contrario, la sensación de que podía volar era aún más fuerte. Casi sentía que de un buen salto podría despegarme de la tierra tan alto como el más grande de los árboles conocidos por el hombre. Ni siquiera sé cuánto mide uno de esos árboles, pero de que podía volar alto, podía.

Salí de la oficina y caminé hacia mi coche decidido a terminar con esta situación de una vez por todas; estaba convencido de que podía volar. Si cualquiera me lo hubiera preguntado en ese momento le hubiera contestado con un SI rotundo y sin más hubiera zarpado en vuelo. Deje mi maletín junto a mi coche, apreté bien las agujetas de mis zapatos (no quisiera perderlos en el espacio aéreo), me puse mi chamarra porque se bien que las temperaturas en la estratosfera son muchísimo muy frías, y por último tome un trago de agua de mi cantimplora (siempre cargo una en mi coche).

Justo a tiempo me percaté de que no tenía la menor idea de cómo debía emprender el vuelo. Supuse que era necesario correr para tomar algo de velocidad, los aviones lo hacen. Así que corrí a máxima velocidad; corrí por 50 metros y pensé, no es suficiente; corrí por otros 200 metros y pensé, espero que sea suficiente, porque no puedo más (mi condición física no es la óptima). En el instante abrí los brazos en forma de alerones (no me pregunten porque), y de un salto tome altitud con la cara al viento, eleve los pies hacia atrás y los cruce (como guardando el tren de aterrizaje); estaba volando. En mi rostro se dibujó una placentera sonrisa, por mi cuerpo corrió la adrenalina como pólvora que se enciende, en mi pecho sentía la libertad, las famosas mariposas; y cerré los ojos. 

No sé, creo que fueron más de cinco minutos los que permanecí en el aire, surcando el espacio, los cinco minutos más maravillosos de mi vida. De pronto dos ligeros golpes de suave vegetación impactaron mi cara y provocaron la curiosidad de mis ojos, por lo que levanté los párpados para encontrarme a pocos centímetros del pasto. No alcance a gritar cuando mi rostro se impactó estrepitosamente con el suelo, primero mi frente y mi ojo y después mi mejilla, para rematar con el resto de mi cuerpo mientras mis brazos aún se hallaban abiertos en todo su esplendor. Después me arrastre por césped por más de 4 metros.

Permanecí unos segundos en el suelo disimulando gemidos de dolor y me levanté lo más rápido que pude. Ya de pie me quede pensando, decepcionado dije - Bah! Aterrizaje forzoso, debo aprender a aterrizar; por lo demás, creo que ha sido un excelente vuelo.

No creo que lo vuelva a intentar, al menos no hasta que olvide lo doloroso que es el aterrizaje. Camine hacia mi coche esperando que nadie me hubiera visto, no quisiera que mi capacidad para volar recién encontrada fuera descubierta.


lunes, 30 de diciembre de 2013

Pornografia De Un Amor Frustrado

Te advierto, no respondo; un cierto dia te voy a encontrar porque lo hare mi destino despues de pensarlo mil dias y soñarlo mil noches. 

Perdon, te pido disculpas si te incomoda, pero no evitare tomarte por la cintura, y no solo asi, sino que no impedire que mi mano recorra tu espalda y despues descanse justo sobre esa curva, justo arriba de lo impensable. Dudo que vaya poder contener las ganas que tengo de tenerte cerca, mucho mas cerca, que sientas que exhalo sobre tu mejilla y que se mezclen nuestras particulas de aire. Que verguenza, espero no te des cuenta cuando se me erice la piel de sentir tu nariz tocando la mia; disculpa mis labios que por reflejo se acercaran de mas a los tuyos y tal vez los bañe en mi aliento libidinoso.

No quisiera abusar de tu confianza, pero que mas da, te confieso que no tendras oportunidad de tomar un respiro ni decir palabra alguna; que mi boca entrometida embestira la tuya, y tu saliva sera la mia, y tu cuerpo y el mio seran una sombra.

Cuando menos lo esperes tu cabello estara suelto, tu blusa en el suelo y tu falda en cualquier lado menos en tu cintura, mis manos freneticas tomando el recorrido de tu piel, arañando, apretando, acariciando; y se detendran tan solo un segundo a sentir el encaje de tu ropa interior para despues arrancarla con sutil violencia.
Cuando menos lo pienses solo gemidos y entrecortados suspiros saldran de tu boca...
...

y al final, cuando menos lo desees...cuando menos lo sospeches te voy a soltar
te añorare en un segundo, y en otro te olvidare
y asi habre saciado mis ganas de tenerte, mas nunca las de amarte.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Desamor de Rutina

Sin conocerte pienso en ti,
Sin pensarlo te extraño,
suspiro en la fantasía de un amor inexistente,

abrazo tu cuerpo desnudo siempre y solo en mi mente.


Sin esperarlo te encuentro,

Sin razonar corro el riesgo,

Sin notarlo inconsciente me entrego como un libro abierto, me lees.

Y vuelvo a caer en la vieja traición de mi mente al corazón.


Sin intentarlo te pierdo,

En aceptarlo me ahogo,
Regreso al eterno extrañar los besos que no te he robado,

De nuevo a intentar descifrar tu acertijo difuso,

A mirarte la espalda y después a un intruso.

Y aunque duela no puedo negar,

que tienes tu la fórmula perfecta,
el brillo en tus ojos, la sonrisa contagiosa, el toque maestro,
el divino poder de que provoca...que provoca esto
el que yo este escribiendo estas letras
y que lo haga pensando en ti.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Detras del Cesto

De aquel recóndito lugar se han escuchado historias increíbles de disparatada imaginación, y sin embargo nadie sabe con certeza lo que realmente sucede ahí. Oscuro, inhóspito; hay quien dice que pequeños duendes provenientes de aquel lóbrego recinto invaden nuestros sacros aposentos y roban a nosotros los humanos tan intimas posesiones que ni siquiera estamos dispuestos a revelar lo que nos ha sido hurtado.

Yo mismo jamás he visto uno, mas puedo imaginarlo: demoniacas criaturas, sombrías alimañas de dientes largos que sobresalen de sus bocas esbozando una burlona sonrisa, narices amplias que capturan el más lejano y tenue olor de sus ansiados trofeos, protuberantes ojos de perturbada mirada que ni el hombre más fuerte de mundo soportaría mirar por más de un par de segundos, execrables entes amantes de lo ajeno; desde aquí os digo que os aborrezco desde el fondo de mi alma.

Derecho, izquierdo, derecho, izquierdo, derecho, izquierdo...una a una ordeno mis calcetas marcadas cada cual con el lado que les corresponde; calzoncillos, camisas, camisolas, blanco, negro, azul, tiene todo un orden, una razón de ser, nada debe faltar.

Y así, a la mañana siguiente, después del reconfortante baño de esponja, al acercarme al cajón descubro que mi ropa interior no está completa, puedo verlo claramente, el calcetín negro izquierdo del sábado simple y sencillamente ha desaparecido. ¡Imposible! -exclamo al viento al tiempo que doy un golpe a puño cerrado sobre la cubierta del buro....

....Esto no puede continuar así, ¡esto se acabo! -continuo hablando al aire, esperando que las desgraciadas sabandijas me estén escuchando. Tomo el primer objeto de aristas afiladas que encuentro a mi paso, me dirijo hacia aquel lugar, estoy decidido. Se bien que si no hago algo al respecto pronto me veré vagando por las calles ausente de prendas intimas que me protejan de las inclemencias del tiempo. Estoy decidido a recuperar todo lo perdido a como dé lugar.

Me acerco cada vez más, por fuera parece inofensivo, un simple cesto de ropa sucia. De pronto vienen a mi mente imágenes de lo que podría encontrar ahí detrás, tal vez sea horripilante, no lo sé, tal vez me encuentre con una inmensa pradera de calcetines, calzones y camisetas que en tiempos pasados di por perdidos...tal vez nunca jamás regrese.

Aquí voy...deséenme suerte. Adiós.

martes, 17 de abril de 2012

COACHELLA 2012


Cierra los ojos, respira, escucha, siente; son los mismos aires y los mismos sonidos que otras ochenta mil personas junto a ti, respiran, escuchan, sienten.

Ochenta mil corazones que al son de la musica marcan el latido del mundo con su pie derecho. Que mas alla de cualquier religion, cualquier raza, cualquier genero, son parte de UNO. Y enmedio estas tu, y esa persona que esta al lado tuyo, que sin conocerte tal vez solo por hoy sea el amor de tu vida, o tu mejor amigo, o simplemente alguien que te extiende la mano, te da una sonrisa y quizas un cigarro. Y tal vez por lo menos una de ellas sea de esas personas que nunca se olvidan.

lunes, 26 de marzo de 2012

Diestra y Siniestra

Vaya extraña noche la de anoche. Dormía, de la manera que siempre lo hago, boca abajo, de piernas cruzadas en forma de flor de loto, mano izquierda debajo de la almohada; y si el nivel de relajación lo ameritaba, boca abierta y si, lo acepto, algo de baba. No es una posición muy ortodoxa para dormir; una extraña habilidad la llaman algunos.

Mi habitación es particularmente oscura ya que debido a ciertos altercados que he tenido con el Señor Sol que ha venido a tomar como costumbre el escabullirse todas las mañanas por entre las persianas y restregarme en la cara que ya es muy tarde para estar dormido, decidí identificar al susodicho señor como persona non grata y clausurar de manera indefinida su entrada a mis aposentos.

En fin, dormía. Cuando de pronto una mano extraña me arrebato de mi quinto sueño y desperté en un tempestuoso forcejeo. Luchando por mi vida trataba de quitarme de encima esa mano que me presionaba la cara contra la almohada, me jalaba del cabello, me aplastaba la nariz, empujaba mis orejas, rasguñaba mis mejillas, hasta que asesté un golpe certero que le alejó de mi y pude levantarme.

Con la respiración visiblemente agitada y el rostro desaliñado quede sentado sobre el colchón, escuchando nada más que el silencio, volteé para todos lados buscando al asesino, y nada. Era solo yo quien estaba en esa habitación, y nadie más. Volví a recostarme.

En eso escuche de nuevo que algo se movía y sin pensarlo, en una maniobra casi acrobática lancé un veloz manotazo con el que alcance a asirle de la mano al tiempo que de una patada alcanzaba el interruptor de luz iluminando la habitación, y finalmente lo vi todo. Ahí estaba yo, tirado con medio cuerpo fuera de la cama, sosteniendo mi propia mano derecha. Y de nuevo el silencio.

Totalmente desconcertado pasé 53 segundos viendo fijamente mi mano derecha, cómo esta se retorcía tratando de librarse de la manita de cochi que, por más estúpido que parezca, mi mano izquierda audazmente le aplicaba, hasta que la derecha cedió. Entonces la solté.

-Me voy -Dijo.

 Mi cara de desconcierto se hizo aún más evidente y dije:

- ¿Queee?

- ¡Que me voy! ¡Tienes dos meses sin usarme! Esta no es vida para una mano derecha – continuó-  humillada por una mano izquierda que ahora hace alarde de sus grandes habilidades y de la facilidad con que se ha encargado de mis labores. Aprovecho ahora que ya no hay hueso de por medio que nos una y tomo mi independencia...tu ya tienes quien te revuelva el chocomilk.

Y con esas últimas palabras, se fue. Dejó escrito en una carta que se iría al Timbuktu a tocar los bongos y beber cerveza en el Bar de la vieja tribu....Yo sigo pensando que tarde o temprano regresará.


Esta historia fue escrita y es idea original de mi mano izquierda.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Aire de Montaña



En la caricia del viento
escucho el susurro, el silencio,
escucho la libertad, la adrenalina.
Somos tu y yo nadamas, y el viento
Y sabes bien que estoy a tu merced
me deslizo en tus caprichos
esquivo tus respingos.
Y si caigo, soy de ti.
Y es de mi el volverme a levantar y volverte a recorrer.

martes, 29 de noviembre de 2011

Si tan solo desear fuera suficiente.

Cierra los ojos, fuerte, más fuerte, que se te arrugue la frente, que las patas de gallo se asomen, que se exprima una lágrima por la comisura del ojo...bien.

Ahora aprieta los dientes, muerde como si fueras un animal carnívoro que de una sola mordida penetra en la carne fresca y tritura los huesos,  no hagas caso si una gota de saliva escapa por tus labios y forma un largo hilo hasta el suelo, muerde como si intentaras romper una cadena con los dientes...así, bien.

Los puños; coloca el dedo pulgar por fuera del resto de tus dedos y presiona. Presiona contra la palma de tus manos, hasta que la ultima molécula de oxigeno haya salido de entre tus puños, no importa si con tus uñas perforas la piel de tus manos, no importa que la sangre recorra por tu brazo....eso es.

Continua haciendo lo anterior hasta que drenes todas las fuerzas de tu cuerpo, que las rodillas se te doblen, déjate caer.

Respira, respira, respira. Alimenta tu fuerza con cada bocanada de aire que aspiras.

Desea. Desea con el alma. Siente eso que quema en tu pecho, haz que llegue hasta tus brazos y tus piernas. Desea hasta que te duela y no puedas más. Que tu deseo sea tan grande que tu cuerpo ya no pueda contenerlo; que se llene de él la habitación, que salga por las ventanas y debajo de la puerta, que inunde tu jardín, que corra por las coladeras, que lo respire la gente...que llegue hasta allá.

Abre los ojos...relájate. Nada ha pasado.

martes, 2 de agosto de 2011

Monzon

Tres dias lloviendo, asomo la mirada por la ventana, el cielo se cae, el parque desierto, la coladera de la esquina llena hasta el tope, una nube que hace guardia afuera de mi casa alcanza ver mis ojos por entre las persianas, levantando las cejas, volteando hacia arriba como si ver la lluvia caer no fuera suficiente para convencerme de que sigue nublado...podria jurar que vi su sonrisa burlona, de nube cagasona que ensucia tu carro despues de lavarlo.

¡No estoy llorando pendeja!, son las gotas de la ventana que se reflejan en mi cara. Pero de todas maneras si me aguito, porque a veces se me olvida que el cielo sigue siendo azul.

viernes, 15 de julio de 2011

Decide


Miles de personas tendran miles de cosas que decir.


El Fin De Los Tiempos (FAIL)

Me sente el otro dia, de esos dias ociosos los que hasta llegamos a pensar en cosas como el fin del mundo...y pense en el fin del mundo; mejor dicho el fin de la humanidad (evitemos el egoismo de pensar que el mundo se acabara junto con nosotros).

Me di cuenta de lo arrogantes que somos. Somos arrogantes incluso al pensar en el fin de la humanidad porque muy a conveniencia lo imaginamos como el final de los tiempos; abrupto. Queremos y tendemos a pensar que un dia simplemente nos vamos a morir todos juntos; y le queremos poner fecha. Tan solo a los dinosaurios tomó más de 10 millones de años desaparecer del planeta (dicen que el último murió de soledad), ¿Por qué habría de tomarnos menos a nosotros?

Supongo que un día todo esto se acabará, y supongo que no puedo perder la esperanza de ser uno de esos pocos que se salvará del apocalipsis. Pero no se por qué presiento que cualquier dia de estos va temblar, un volcán hará erupción, un tsunami golpeará nuestras costas, la lluvia acida acabara con nuestras parcelas, o cualquier otro paquete de catastrofes se nos va juntar; vamos a pensar que es el fin del mundo,vamos a robarle al vecino, a escupirle al Presidente, vamos a coger todos con todos, a decir lo que no nos atreviamos a decir y hacer lo que no nos atreviamos a hacer....y al siguiente dia nos vamos a ver las caras con verguenza al darnos cuenta que no, siempre no era el fin del mundo.

miércoles, 13 de julio de 2011

Un Baño De Sueños

Tactactac tactac tactactactac...El golpeteo de las teclas del ordenador se escuchaba como un martilleo que hacía eco constante en su cabeza, lejano, cada vez más, y poco a poco su mente se iba alejando del lugar en donde se encontraba su cuerpo y aunque sus signos vitales seguían funcionando, él ya no estaba allí. Los latidos de su corazón cada vez más lentos, sus músculos inertes, difícilmente sostenía la cabeza erguida, el brillo de las pantallas era ya tan solo un tenue resplandor que se filtraba por sus ojos entreabiertos; ya estaba en otro lugar.

Era la plena hora del bullicio, del ir y venir, del intenso sonar de los teléfonos, escuchaba las risillas discimuladas de quien lo veía flotante y con los ojos cerrados frente al computador pero su inconsciente ya se encontraba varios viajes astrales mas allá de la realidad. Pensamientos invadían su espacio semi-consciente bombardeando con imágenes y situaciones sin sentido que sin embargo parecían más reales que la propia realidad y esta a su vez se diluía en un enjambre de realidades y su respiración se volvía cada vez más y más profunda, más y más marcada, de ritmo lento, constante y su mente allá lejos, lejos, lejos, perdida en un tiempo sin espacio, conversando con seres inexistentes, descubriendo que puede volar, que siempre ha podido volar, desafiando las leyes del universo.

De pronto, el azotar de una puerta le recordó que no estaba allá, sino que estaba aquí, y que se había olvidado que su cuerpo aun yacia sentado, reclinado sobre esa incomoda silla de oficina por la que su jefe pagó cuatrocientos dólares para mantenerlo despierto y que por mas incomoda que es no le impidió cerrar los ojos y pensar que no existe el presente. De golpe cayó de aquel universo paralelo y de golpe explotaron sus párpados para abrirse de nuevo a la realidad de las líneas, puntos y letras que esperaban pacientes en su pantalla a que el logre darles un poco de sentido. El corazón, que engañado se pensó a si mismo relevado de sus deberes, vuelve rápido a su ritmo de oficina con latidos bruscos que se pueden escuchar desde lejos; el resto del cuerpo aun torpe, tembloroso, no sabe lo que pasa, si va o viene, si sube o baja, si descansa o trabaja.

En este punto él lo sabe, ha perdido la batalla. Se sentía envuelto en un remolino, cada pestañeo era una batalla librada, cada bocanada de aire parecía que llevárselo más lejos.  No había otra opción, tenía que terminar con su ineludible somnolencia y solo había una solución. El camino era largo, arrastraba los pies sobre la alfombra y sus pasos parecían nunca ser suficientes, como si aquella puerta se alejara con cada paso que daba.

Después del largo y oscuro pasillo que lleva hasta la puerta se detiene frente a ella, con dos dedos empuja aquel pesado portón, a tientas enciende la luz y entra. La intensa luz fluorescente lo ciega, con el ojo izquierdo a medio cerrar se asegura de poner el seguro a la puerta y dando poca importancia a la cercanía del retrete y lo frio de la loseta se reclina sobre el suelo adoptando posición fetal. Y ahí, con la cabeza apoyada sobre un suave rollo de papel sanitario cerró los ojos y volvió a volar, lejos, lejos, perdido en sueños fantásticos, sucumbiendo a los seductores encantos de morfeo, confiado siempre de que su pequeño reloj despertador será lo suficientemente potente para traerlo de vuelta al mundo de oficina.

miércoles, 27 de abril de 2011

De caguamas y otras cosas

Vaya que es difícil vivir en este mundo filosófico, en el que hasta donde sabemos o creemos saber, nuestro fin último es la felicidad y sin embargo, si algún día un hombre encontrara aquella eterna felicidad tan anhelada entonces paradójicamente tendría que aceptar que ha llegado al final de su existencia; que para él no hay mas en esta vida mundana.

Supongo que desde un punto de vista filosófico debería yo de apreciar mis momentos de infelicidad, porque son ellos la única prueba de que mi camino aun no termina. Aunque creo que prefiero pensar que la felicidad no tiene límites sino circunstancias y esas siempre cambian.

Y pensar que en este momento una caguama me haría feliz..

miércoles, 30 de marzo de 2011

Hoy no fue un buen día:

Desperté temprano y con hambre así que decidí salir de mi habitación en busca de un poco de comida; tenía un hambre que era capaz de comer lo que fuera, pan, queso, carne, papel, tierra, hasta un trozo de madera. Cuándo iba imaginarme que al salir de mi pequeña guarida me encontraría con tremenda barahúnda.

Descalzo, llegué a la puerta de mi habitación apenas abierta, por cierto ubicada muy convenientemente cerca del refrigerador y la estufa; asomé levemente la cabeza pegado al marco de la puerta y con todos mis ojos lancé una mirada veloz para cerciorándome de que nadie me estuviera observando; tan pronto me vi libre arranqué mi carrera a todo galope librando toda clase de obstáculos que en mi camino se interponían; ya saboreaba la victoria e imaginaba en mi paladar toda clase de manjares que el refrigerador escondía para mi... ¡¡cuando de pronto!!...

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!...el más espantoso grito que jamás había escuchado llegó a mis oídos y en menos de lo que mis antenas pudieran detectarlo, un letal zapatazo voló justo por encima de mi cabeza; fue ahí cuando se desató la vorágine. La mujer, gritando despavoridamente, se encaramó sobre la mesa del comedor señalándome con el dedo y diciendo palabras que eran ininteligibles para mí mientras que un hombre grande y fornido, alarmado aparecía en la escena por la otra entrada de la cocina decidido a sacarme de la casa hecho pedazos. Al verlo estallé en pánico imaginando mi terrible muerte a las manos de aquel bárbaro que lanzó acometidas en mi contra a diestra y siniestra mientras yo corría horrorizado por todos lados hasta que en un movimiento instintivo, pase por encima de uno de sus pies. Eso fue suficiente para que aquella bestia, lanzando un alarido un tanto afeminado, levantara su pie con tal fuerza que me hizo volar por los aires. Me pareció eterno el tiempo cuando, en cámara lenta surque los aires y vi el rostro horrorizado de aquella mujer que inmóvil sobre la mesa me veía caer directo hacia ella. Mi cara aterrizó justo entre sus pechos y en un arrebato de terror y asco se levanto de la mesa resbalando sin control, rompió vajillas, copas y vasos mientras se arrancaba la camisa y se lanzo a correr con los pechos al aire, lanzando manotazos para alejarme de ella mientras que el hombre corría alrededor de la habitación gritando...hasta que un certero golpe me lanzo de nuevo por los aires azotando en seco sobre el piso y ahí quede, inerte...en un silencio sepulcral.

Mis perseguidores finalmente recuperaron la calma. Ni un solo ruido mas se escuchaba, excepto la respiración agitada de aquellas personas que ahora tenían fijas sus miradas sobre mi; y yo ahí, yacía boca arriba en el suelo, con los ojos cerrados, sin moverme, y con una gran herida en un costado que dejaba al descubierto mis entrañas. La mujer da el primer paso -ahí vienen de nuevo; con cautela se acerca hacia mí y detrás de ella el hombre y cuando ella se disponía a tocarme con la punta de su pie, moví violentamente una de mis piernas y después quede inmóvil de nuevo; los dos retrocedieron. Después el silencio de nuevo y sus miradas sobre mi; yo inerte. Finalmente el hombre se hace de valor y sin pensarlo más se acercó a mí y de un puntapié me lanzó contra la pared donde quedé de nuevo, inocuo; ellos dieron media vuelta y salieron de la habitación orgullosos y satisfechos con su mortal cacería, no obstante la obvia superioridad numérica.

Esperé a que se fueran, y después de una buena siesta para recuperarme de la confusión, la corretiza y los golpes, volví en mi, logre ponerme de pie y termine lo que había comenzado, comí hasta reventar. No cabe duda que ser una cucaracha tiene sus riesgos, pero también sus recompensas.

P.D.: hoy en la noche los visitaré mientras duermen…adoro a estos humanos.